Carta del presidente
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En 1978, un grupo de jóvenes estudiantes y profesores crearon la universidad popular llamada Intiláqa para promover la cultura y la emancipación de la sociedad civil en el Rif. Su lema era: ¡No se vive únicamente del pan!
Veinte años más tarde, y partiendo de una evaluación crítica de la experiencia Intiláqa, muy rica y sin embargo muy controvertida, un grupo de fundadores y animadores de la misma decidieron cambiar de rumbo. Nace una nueva organización: CECODEL. Y el lema esta vez es: ¡No se vive únicamente de la cultura!
Pan y cultura son en el fondo inseparables, puesto que lo que está en juego no es ni el uno ni el otro, sino el hecho de vivir dignamente en un entorno cambiante donde la sociedad civil es cada vez más solicitada a dar respuestas a una multitud de problemas heredados de un pasado muy pesado, y a unos interrogantes sobre el futuro cuyos horizontes son difícilmente perceptibles.
Trabajar en una ONG de desarrollo cuya área de intervención es el Rif no es cosa fácil. Aquí, cada vez que uno intenta meter la mano en la masa, tiene la impresión de que está empezando de nuevo. El Rif es una obra inmensa donde hay que reconstruirlo todo: reconstruir lo que ha sido destruido, incluido el hombre, y construir el futuro que se impone. Por esta razón, la apuesta es grande y no deja de ser arriesgada.
Pronto habrán pasado seis años desde la creación de CECODEL. Casi seis años los hemos pasado en cimentar nuestra organización, darle forma y sobre todo, proveerla de un contenido que tenga sentido. Y para traducir nuestra filosofía en actos concretos, no solamente tuvimos que sacrificar gran parte de nuestro tiempo, mantener una infraestructura mínima de nuestros propios bolsillos, sino también tener una paciencia ejemplar a la hora de contabilizar estos esfuerzos, ya que estamos convencidos de que trabajar en una tierra árida como la tierra rifeña (donde las políticas de apoyo institucional, tanto locales como nacionales y internaciones, son muy escasas sino insignificantes) supone tener por la fuerza de las cosas esta paciencia ejemplar.
En los tres primeros años de nuestra existencia hemos estado cimentando nuestra ONG haciendo grandes esfuerzos en varios sentidos: trabajos de identificación y diagnóstico de los problemas, pequeños proyectos de apoyo a los necesitados, encuetros, charlas, seminarios de formación. Hemos estado en la ciudad y en el campo prestando atención, observando realidades y escuchando a la gente formular sus necesidades. La labor del agente de desarrollo no es nada fácil: ¿cómo hacer de las necesidades expresadas por la gente, muy individualizadas y generalmente muy subjetivas, la suma para formular una Necesidad que abarca este gran complejo social, cultural e histórico llamado Rif?
Tampoco la labor es fácil a la hora de buscar apoyos, de convencer a posibles socios, de implicar a los agentes locales. De centenares de contactos y de una campaña intensa de solicitar apoyos, la respuesta ha sido muy escasa. Esto también lo entendemos: pocos, sino nadie quieren arriesgarse en trabajar en un terreno nuevo donde ONG y desarrollo suenan lo raro.
Es verdad que con nuestra devoción, nuestros sacrificios, nuestra paciencia ejemplar, hemos podido, a lo largo de estos seis años, ganar en apoyos y en proyectos. Son ya una veintena de proyectos entre ejecutados y en ejecución lo que nos hace distinguir. Es verdad que hemos podido cogestionar con nuestras contrapartes, con transparencia y algún éxito, un monto que ronda unos tres millones de euros. Con estos proyectos aprendemos a gestionar dinero autrement como dicen los franceses. Aprendemos a autogestionarnos, a gestionar la vida. El juego democrático empieza desde este punto. Ser o no ser democrático, esta es la cuestión.
Nuestros proyectos, nuestros mensajes. Desde este rincón tan cercano y tan lejos del mundo, desde este Rif de un Marruecos que se quiere moderno, lo que pretendemos con nuestros proyectos es emitir mensajes, básicamente hacia los nuestros, quizás para recordarles que cuando uno quiere, puede. Pero también nuestros mensajes van cargados de paz y de futuro. En Marruecos, tierra de tolerancia, se cultiva también la esperanza y la paz, con el trabajo, con la cooperación y con la amistad entre los pueblos.
Nuestros proyectos, nuestros mensajes. Con nuestros proyectos aprendemos a tomar conciencia de que la mujer está en nosotros, de que el niño es nuestro futuro y que el campo es nuestra retaguardia. CECODEL se dirige a todos, pero básicamente se dirige a la mujer, al niño y al campesino pobre. CECODEL pasa de una ONG de hombres a una ONG de hombres y de mujeres (somos casi kifkif en la actualidad). CECODEL pasa de una ONG de ideas a una ONG de ideas y de práctica de ideas en este amplio campo de desarrollo sostenible. Con nuestra capacidad de escucha, pero también de acción, empezamos ya a ver cómo surgen de nuevo granos de esperanza en este Rif durante mucho tiempo apartado al margen.
Si hemos de evaluar CECODEL en estos seis años de existencia, tenemos que hacerlo de cara al futuro, a la apuesta por el cambio y desarrollo, al proyecto del proyecto.
CECODEL es en sí mismo un proyecto, o mejor aún, un proyecto-instrumento. Con él lo que pretendemos es incubar proyectos. Y, como proyecto, CECODEL se concibe como instrumento de desarrollo y espacio de comunicación y generación de ideas constructivas. Como proyecto, CECODEL es también una plataforma de iniciativas sociales para una sociedad más justa y digna.
Y como todo proyecto, la devoción y el sacrificio solos no bastan. El desarrollo es una obra necesariamente plural y colectiva. La gran apuesta de CECODEL para los diez próximos años es la siguiente: Transformar el Rif de una campo árido a una grande obra de trabajo, y esto no es posible sin un apoyo considerable de nuestras instituciones locales y de nuestros socios europeos (en cuya tierra gran parte de nuestra diáspora y de nuestra fuerza de trabajo está prestando servicios y produciendo plusvalía) y la toma de conciencia de los ayuntamientos y de la población locales de la necesidad de emprender la marcha por un cambio sustantivo hacia un desarrollo más humano y más sostenible.
Kais Marzouk El Ouariachi
Presidente fundador